Mireia, Montse, Joel, Alfredo y yo decidimos ir a la montaña a escalar o a dar un paseo un domingo, un día muy soleado.
Fuimos con autocar, nos dejó bastante lejos de la montaña, lo que quedaba para llegar fuimos andando.
Pasamos por en medio de un bosque y nos quedamos allí a descansar un poco, bebimos y comimos un bocadillo y continuamos con nuestro camino.
Después nos encontramos un cruce, no sabíamos para donde tirar, si para la derecha, izquierda o recto. Alfredo decía todo recto, Joel para la derecha a nosotras nos daba exactamente lo mismo, aunque estábamos más de acuerdo con Alfredo que con lo que decía Joel, al final acabamos haciendo caso a Joel.
Llevábamos ya tres horas caminando y por allí no había ninguna montaña ni nada por el estilo, solo árboles.
Se estaba haciendo tarde y ya no sabíamos cómo volver hasta la parada de autocar porque estaba oscureciendo, entonces vimos una cueva e hicimos fuego para iluminar. Se escuchaban ruidos raros más a dentro, nos acercamos y vimos una sombra ¡era un oso! salimos rapidísimo y seguimos corriendo, cuando ya estábamos cansados paramos y seguimos andando, al cabo de un rato vimos unas luces corrimos hacia allí, ¡ era el autocar!. Le dijimos al conductor que por allí había un oso, él contestó que era posible que hacía poco se había escapado uno y no lo encontraron.
Nosotros nos fuimos a casa y en cuento al oso lo encontraron al día siguiente y se lo llevaron.